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¿Solo o acompañado? Una breve historia del amor y el matrimonio

todaymarzo 2, 2021 162 12 4

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Nuestra naturaleza nos ha hecho animales sociales y debido a esto –queramos o no– en ambientes colectivos habrá un mejor desarrollo. De igual manera, esto no solo aplica en grandes contextos como empresas o gobiernos sino también en la célula de la sociedad, la familia. Aunque en un determinado momento la pareja, hombre y mujer, se dedicaron a la crianza y manutención respectivamente sin considerar el sentimiento; poco a poco el amor romántico fue ganando mayor protagonismo dando impulso así a movimientos artísticos medievales como el romanticismo donde los sentimientos eran el eje principal. El matrimonio se posicionó como un ideal para muchas personas e incluso una forma de status durante mucho tiempo. Sin embargo, el concepto de amor libre o directamente soltería poco a poco comienza a tomar mayor impacto a día de hoy y junto con él romper las creencias de sexo prematrimonial, tener que casarse, concebir hijos o incluso parejas exclusivamente heterosexuales. Es por ello que hoy haremos un pequeño viaje a la historia del amor y el matrimonio por épocas puntuales hasta llegar a nuestra realidad para comprobar que tan palpables son ciertas ideas y prejuicios. 

 

“Amémonos bonito, como a la antigua” … No estaría tan seguro.

Es preciso comenzar con la Grecia antigua. Aquí la función del hogar era proporcionar herederos y que las mujeres cuiden la casa mientras los hombres pasaban sus días en el ágora debatiendo, en el gimnasio viendo jóvenes o en banquetes libando. Sin olvidarnos claro que aquí no hay sentimiento de por medio; para los griegos solamente podía haber amor entre dos hombres, uno que enseñara (el amante) y otro que complaciera (el amado). Uno de los diálogos en el Banquete de Platón explica un poco mejor esta idea y es el mito de los Andrógenos: “Tres sexos convivían; hombres, mujeres y andrógenos (hombre-mujer). Además, cada persona era redonda con dos rostros, dos pares de cada extremidad y una fuerza e inteligencia impresionante. Su vanidad hizo que se revelaran contra Zeus y este en respuesta los dividió, reduciéndose a la forma que ahora conocemos como ser humano. Pero se compadeció y permitió a las personas encontrar a su mitad faltante y fue así, como los que provenían de andrógenos buscaban tanto a hombres como mujeres viviendo en adulterio, la que era sección de mujer ignoraba a los hombres, naciendo lesbianas. Por lo contrario, el que es sección de varón buscaba a otros hombres y es digno de Eros por su viril naturaleza” (1988). Una costumbre enteramente machista, como lo es la pederastia homosexual, fue dada a conocer precisamente por este diálogo y que académicos ocultaron por mucho tiempo. Pasados los años, el Imperio Romano creció llegando al Peloponeso. Con el intercambio intelectual a la mujer se le dio un papel ligeramente más protagónico gracias a que la unión heterosexual se celebraba públicamente, aunque existian todavía opiniones que consideraban la pederastia griega como la forma correcta de amor. Para Plutarco (historiador romano), la mujer es también digna de amor y matrimonio tal como comparaba la superioridad masculina: “El hombre que oprime en exceso a su mujer y la empequeñece es semejante a quienes esquilan a sus yeguas” (1990, p. 58).

https://portalclasico.com/sexo-y-homosexualidad-en-la-antigua-atenas

Saltándonos unos cuantos siglos, durante el medioevo el matrimonio era una forma en la que reyes podían asegurar su linaje y expandir su dominio, de ahí las uniones arregladas y la razón para muchos gobernantes de tener una esposa (para tener hijos) y varias concubinas (para satisfacerse); o para el pueblo con el fin de mejorar su condición social y poder económico. En este punto de la historia, amor y matrimonio no están unidos, razón de los trovadores para cantar poemas y añorar a mujeres que nunca conocieron o que nacieron de su imaginación. Sentimientos sin razón fueron el motor de muchos jóvenes para ignorar la practicidad y conveniencia para dar paso a una idílica rebeldía. Historias como Romeo y Julieta de Shakespeare nos muestran ese rastro de amor cortés y el paso al romántico; una pareja que se ama con locura, pero su familia desaprueba la unión, dando como resultado el suicidio de los amantes. Pero –y la historia nos lo ha enseñado– una ideología nueva siempre se contrapone a otra y concretar una unión romántica se convierte en la búsqueda de la juventud. Fue debido a los matrimonios clandestinos famosos en Gretna Green, en Escocia, por no requerir consentimiento de los padres (a día de hoy sigue siendo un lugar símbolo de amor) que el matrimonio debe darse entre personas que se amen y, gracias a la obra de Jane Austen, no se deben olvidar las razones prácticas para que funcione sin problemas. No todo es siempre final feliz y Las Penas del Joven Werther de Goethe es prueba viviente de ello. El protagonista se suicida por la desesperación de un amor no correspondido y, que causó una de las primeras revueltas de fanatismo: suicidios colectivos y contagiosos.

https://www.diarionuevavision.com/criterio/el-amor-cortes-que-es/

Kant poco después nos trajo uno de las últimas piezas para forjar lo que ahora consideramos un correcto matrimonio:

“Por las mismas razones, la relación de casados es una relación de igualdad en cuanto a la posesión, tanto por personas que se poseen recíprocamente (por tanto, solo en la monogamia, porque en la poligamia la personas que se entrega solo obtiene una parte de aquel al que ella se entrega totalmente, convirtiéndose, por tanto, en una simple cosa), como también de los bienes; estando autorizados, sin embargo a renunciar al uso de una parte de estos, aunque solo mediante un contrato especial” (1989, p. 99).

Siendo humanista y valorando la virtud e individualidad de cada persona llegamos al final de este breve recorrido desembocando en el siglo XX donde la Revolución Sexual de los años 60’s impulsó a muchas mujeres a querer disfrutar en serio del sexo, a no mirar con malos ojos relaciones interclasistas o raciales y ampliar las barreras morales a lo open-minded. Ahora, siglo XXI… ¿Qué ideas prevalecen y cuáles no? ¿Queremos casarnos? ¿La monogamia sigue siendo el común de las parejas?

 

¿Aún valoramos viejas costumbres?

Siempre he pensado que no solo somos teoría o estadística y que cada ser individualmente es un mundo complejo, claro que la matemática de la comunicación nos ayuda a tener un panorama claro. Por ello me animé a preguntarle a sesenta y nueve (que conveniente número) jóvenes su postura respecto al casamiento. Debo confesar que fue sorprendente ver que solo una cuarta parte de los encuestados fueron hombres, deja que pensar un poco sobre que sexo es más abierto a tocar estos tópicos, pero no me centraré en ello.

Primero comparémoslo como un modo de status. Ya vimos que era un objetivo para –si no todas– las mujeres. En este caso aún el 40% tiene como objetivo casarse mientras que 27.5% directamente no lo ve como algo prescindible y el resto no está decidido (Figura 1).

Figura 1

De igual manera, la libertad sexual ha tomado mayor énfasis –a mi percepción– en la última década y con esto la amistad con derechos, orientación sexual diversa y manera de actuar diferente. Casi la mayoría, con un 88.3%, se declaró heterosexual, un pequeño 7.2% bisexual y un aún más pequeño 4.3% homosexual (Figura 2); curiosamente no todos han estado seguros de esto pues un 18.8% ha dudado sobre esta, un 21.7% duda y, otra vez la mayoría 59.4% nunca se cuestionado su preferencia –o no lo admite– (Figura 3). Sé que esta parte puede ser tediosa para algunos por los números y gráficas, pero es importante saber de quienes vienen las respuestas que veremos a continuación. (Figura 2)

Figura 1
Figura 2

Aunque no pondré directamente las respuestas que obtuve, si las conclusiones a las que llegué. Continuando con sexualidad, se preguntó ¿Se puede separar el sentimiento de lo físico? y para muchos la respuesta es sí. La amistad con derecho ha tomado significancia para muchas personas pues su naturaleza satisface una necesidad básica (sexo) y obvia las implicaciones amorosas y responsabilidades que una pareja normalmente tendría. Para Kant, como dije hace rato, eso no sería algo ético o moral pero poco a poco las definiciones de estos conceptos también van cambiando junto con las actitudes; claro, tener solamente relaciones coitales con alguien y nada más ayuda a evitar problemas emocionales que muchos temen. Con esta libertad también viene la experimentación y probar cosas nuevas como juguetes, juegos eróticos o añadir personas. Todavía hay un ligero recelo a esta última idea y con mayor razón entre personas celosas de una idiosincrasia como la peruana específicamente. Un reducido 10.1% aceptaría un trío o ser swinger (intercambiar pareja), 24.6% lo pensaría dejando ver que hay menos prejuicios a esta forma de experimentar y –no con el porcentaje que esperaba– 65.2% no aceptarían esta dinámica (Figura 4).

Figura 3

Ya para terminar, y como eje principal, ¿Crees que el amor y el matrimonio van de la mano? ¿Por qué? Pregunta difícil la verdad y donde, evidentemente, hay diferencias. Para algunos el matrimonio solo es una etiqueta, una formalización no necesaria para amar o convivir con alguien y que en muchas situaciones no es el motivo principal de la boda; incluso otros van más allá y son conscientes de los beneficios legales que implica estar casado y lo ven como un contrato. En cambio, para otros, es un vínculo espiritual que implica responsabilidad y compromiso, también hay los que piensan que ambos se construyen juntos y por eso son inseparables.

Figura 4

Un consejo hasta de un conejo

Desde pequeñas, las niñas son expuestas, en mayor o menor medida, a tramas que dan prioridad a las emociones; claro ejemplo son las princesas clásicas de Disney que hacen todo por el “verdadero amor” y sagas como Crepúsculo o Cincuenta Sombras de Grey (aunque es erótica se hizo popular entre adolescentes); ese primer contacto con el mundo romántico, aunque no se quiera admitir, influye al actuar y desenvolvimiento en la adolescencia temprano ya que a los niños se les expone a situaciones completamente diferentes como deportes, acción o ciencia ficción. Mal que bien, la madurez emocional no llega al mismo momento para ambos sexos, independientemente de la orientación, y las decepciones –a las que muchos tememos– pueden ocurrir debido a esta diferencia de estímulos.

El camino del amor tiene muchas vías y para encontrar la que nos adecua mejor, hay que vivir, experimentar y aunque duela, sufrir. Los altos y bajos nos ayudan a decidir  entre casarnos, convivir o estar solteros; y ninguna está mal. Criticar a los que buscan pareja y no les gusta sentirse solos o a los que les encanta sentirse bien en su autarquía (felicidad y tranquilidad en uno mismo) es innecesario, la felicidad para todos es diferente siempre y cuando no interfiera negativamente en los demás.  Aprendamos a amar y encontrar un equilibrio entre las emociones y la razón. Donde aquellos que decidan casarse no lo hagan cegados por una falsa ilusión sino pensando que es la persona que verdaderamente eligieron y con la cuál mantener un hogar sea viable, donde las parejas que viven en concubinato no sean atacadas por “no ser correcto” o donde los solteros no vivan teniendo que contestar siempre al motivo de su elección. Tener pareja no evita el desarrollo profesional o cumplir sueños, tener una familia o hijos no es algo primordial ni obligatorio, sentirse cómodo con uno mismo no es motivo de asombro…aún quedan muchas barreras que romper y muchas mentes que deben cambiar, pero nunca olvidemos que nuestras decisiones tienen consecuencias y no solo debemos esperar que el mundo nos acepte y respete, sino también brindar esa aceptación y respeto a quienes lo merecen y necesitan.

 

Referencias 

Kant, I. La metafísica de las costumbres. Madrid: Tecnos, 1990

Plutarco. Sobre el amor. Madrid: Espasa-Calpe, 1990

Platón. Banquete. En: Diálogos vol. III. Madrid: Gredos, 1992-1999

 

Bibliografía

Beauvoir, S. El segundo sexo. Madrid: Cátedra, 2019

Foucalt, M. Historia de la sexualidad vol. 2: El uso de los placeres. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores, 2003

Freud, S. Los malestares en la cultura. Madrid: Alinza Editorial, 1997

Marcuse, H. Eros y civilización. Barcelona: Paidós, 2006

Platón. Alcibíades. En: Diálogos vol. III. Madrid: Gredos, 1992-1999

Simmonet, D. et al. La historia más bella de amor. Barcelona: Anagrama, 2004

 

Written by: Alvaro Mattos

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