Sin duda el mundo del fútbol ha visto reflejado sus colores en las más profundas y emocionantes expresiones de los hinchas. Ya sea en las tribunas o desde sus casas, es inevitable que un gol, el alcance de un título o una simple jugada genere sentimientos encontrados en los fanáticos, quienes le dan vida a lo lindo de este deporte. Apasionados, fieles, comprometidos; no cabe duda de que representan a ese jugador número “12” del equipo. Sin embargo, la pasión se acaba cuando se reportan actos vandálicos de parte de un sector de las hinchadas. Tal y como sucedió con las pintas al estadio Alberto Gallardo, así como con el daño causado a la figura de “Lolo” Fernández en el estadio Monumental, los únicos afectados son los clubes de Universitario de Deportes y Sporting Cristal. Si se dañan patrimonios tan importantes para los mismos, ¿Qué papel en concreto cumplen este grupo de “hinchas” de clubes peruanos para con el que dicen ser el equipo de sus amores?, ¿Qué cultura futbolística se puede hallar en ellos?. Por ende, es necesario reflexionar sobre el verdadero labor del hincha peruano, el cual está lejos de mostrar una actitud de venganza y recelo.
¿JUEGO SUCIO FUERA DE LA CANCHA? NO
Dentro del césped, la cultura futbolística calienta hasta al menos aguerrido. En especial, los clásicos no son episodios comunes dentro de este deporte: surgen tras una rivalidad histórica de antaño que implica partidos memorables, momentos candentes y conmovedores, y un folklore apasionante dentro y fuera del campo. Cualquier jugada puede invadir al futbolista en molestia, lo puede sacar de quicio e, incluso, puede tener largos dimes y diretes con el contrincante. No obstante, la historia dura 90 minutos y ahí se cierra el capítulo. Lamentablemente, la comprensión por parte de los hinchas no logra aterrizar en la seriedad, y en muchas ocasiones se generan largas trifulcas entre “barristas” de los distintos clubes llenas de su desesperación e impulsividad en el momento. El recuerdo de una “pica” de un jugador en el campo automáticamente es concebido para los seguidores del equipo rival como el odio eterno, y, por tanto, el incremento del rencor a su contrincante. Por otro lado, también era común que, en tiempos sin pandemia, existía una mala costumbre de “continuar el partido” después del tiempo regular, generando disturbios en las calles. Así, lo que debe prevalecer es el disfrute del juego por encima de cualquier otro aspecto. La emoción, la euforia, la victoria o la derrota son componentes clásicos del fútbol que cada apasionado seguidor experimenta de diferente manera. Pero nunca será la vía correcta generar el vandalismo en consecuencia de algún resultado.

¿AJUSTICIAMIENTO POPULAR POR LA SITUACIÓN DEL EQUIPO? NO
Uno de los mejores goces de esta vida es sentarte en una mesa con tus amigos, disfrutar de una bebida y charlar largos ratos de fútbol. Día a día, noche tras noche, es una actividad común que lleva a intensos debates, ya sea en los medios de comunicación o entre los mismos fans. En la cultura del deporte rey a nivel mundial, es infaltable criticar al técnico, al jugador, a la directiva, etc. Sin embargo, cuando la situación está en decadencia, las ideas de querer intervenir en el club de parte de los hinchas son positivas, siempre y cuando la violencia esté fuera de esta. ¿Cómo podría mejorar la situación de un club mediante las amenazas y el daño material? Es un pensamiento errado que por años persiste en la cultura futbolística peruana. Vayamos al 2014: Alianza Lima perdió 4-0 contra Huracán en el estadio de Matute. El equipo mostró una presentación decepcionante en la fase previa de la Copa Libertadores. Sin embargo, fue más indignante que en los días siguientes Víctor Cedrón y Christian Cueva hayan sido agredidos por algunos fanáticos del club. Caer en el sendero de la violencia no suma concientización, más bien sólo significa una mentira que ciega los valores y principios que se muestra en la cultura futbolística. Por ello, es indispensable que la policía participe activamente en los eventos deportivos para garantizar el bienestar del espectáculo, que en estos tiempos, pese a las restricciones sociales, se ha visto afectado.

¿DAÑOS MATERIALES ENTRE HINCHADAS POR BURLAS Y OFENSAS? NO
“Cristal no te llena ningún estadio porque tiene cuatro gatos de hinchas”, “Nadie quiere jugar en la congeladora de la U”, “Alianza Lima es el hazmerreír del fútbol peruano”, son algunas de las tantas frases que se usan como insultos entre hinchas de la “U”, Sporting Cristal y Alianza Lima. En años en los que las redes sociales han sido epicentros para la difusión de opiniones y contenido, los populares memes sobre estas creencias solo ocasiona que se aumente el odio entre los fanáticos de estos clubes, y, en consecuencia, que dejen una mala imagen para con sus instituciones. Es así como hace unos días un grupo de hinchas de Universitario realizaron pintas en el estadio Alberto Gallardo (recinto deportivo de Sporting Cristal). La consecuencia no se hizo esperar y un sector de fanáticos del cuadro del Rímac ingresaron al estadio Monumental y dañaron la figura del recordado “Lolo” Fernández. Así, ¿Qué tranquilidad existe para garantizar la cultura futbolística en el Perú?. La incentivación a la violencia se puede percibir por medio de las redes, por ello es un fenómeno cuyas iniciativas tienen un alcance masivo en grupos de Whatsapp o Facebook. En tiempos complicados por la presente pandemia, más personas podrían resultar infectadas con el virus. Simplemente, la pasión no significa destrucción en ningún sentido del fútbol.

Sporting Cristal y Universitario de Deportes, tras lo sucedido, lanzaron un comunicado rechazando cualquier tipo de manifestación que promueva la violencia entre clubes. Y es que su mensaje es claro: solo podemos referirnos al otro equipo como “rival” en el plano futbolístico, pero después se debe mantener la paz como sociedad. Estos últimos actos vandálicos son muestras de que los límites deben estar presentes en el hinchaje. El folklore del fútbol nunca fue un caos. El camino de vivir este deporte es la fiesta y el disfrute de este deporte que tantas alegrías nos han producido.
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