Terrorista, asesino, genocida. Abimael Guzmán mereció morir en la cárcel, es lo que la ley manda. No hay peros, no hay compasión ni lugar para las dudas, Abimael fue lo peor que le pasó al Perú en los últimos años. Su muerte es un hecho trascendente y debería ser motivo de reflexión y amargo recuerdo de sus actos. No es necesario que haga una clase de historia, que tanta falta les hace a muchos, sobre Abimael y Sendero en este texto, lo que más me preocupa son las diversas reacciones. La prensa, sí, la prensa, esa misma prensa que gritó fraude y que pedía el padrón electoral, hoy pide el cuerpo de Abimael Guzmán. ¿Por transparencia, por justicia, por morbo? Quieren todas las pruebas de reconocimiento, por más que estas ya estén hechas y publicadas. La misma prensa que ignoró las ánforas incineradas en Chuschi el …. de …. de 19… ahora quiere que todo el Perú sepa quién fue Abimael Guzmán (no recordar la fecha es prueba de lo que se enseña en las aulas que construyó el ingeniero Fujimori). Sí, la misma prensa que financia sus antenas con culos, músculos y chismes quemándole la cabeza a los niños, adolescentes y adultos quiere ver el cuerpo del mencionado terrorista. ¿Qué pasa? De pronto a todos les interesó la historia del Perú. Estos momentos no son para hacer comparaciones, pero se notan las tendencias. Grupos de víctimas y deudos fuera de la fiscalía esperando a que le enseñen los restos, arengados por las transmisiones en vivo de la presa (¡En vivo!). ¿Qué pasa? Andrea Llosa hablando de historia y política. Tal como Gisela Valcárcel en elecciones. Todo el día hablando del mismo tema. Congresistas yendo a la Fiscalía, haciendo show, para ver el cuerpo. Entrevistas que incluyen la pregunta ¿Usted qué piensa que se debería hacer con el cuerpo de Abimael? No sé qué más podría causar esto sino vergüenza. ¿Hildebrandt fue cómplice publicando un artículo en su semanario diciendo que Abimael ya estaba muy enfermo y sin ganas de vivir? ¿Ahora estará en Cuba o en la Unión Soviética? ah no, verdad que él era maoísta. Pero cómo hacerle entender a esa gente estas cuestiones, pues. Si lo hubieran cremado, argumentaban que el Gobierno quería esconder las pruebas. Ahora que hay posibilidad de enterrarlo quieren que el propio Pedro Castillo prenda el horno (estoy de acuerdo con que no debería tener un lugar en el que se le adore). Todos queremos bailar sobre su sangre, reírnos de su muerte, darle el tiro de gracia, ¿no? Queremos parecernos a Edith Lagos. ¿Qué más? Podríamos pintar ¡Terrorismo nunca más! con su sangre, ¿no? O darle su cuerpo a unos perros, en homenaje a los que colgó. O podríamos hacer explotar su cuerpo con una mina, o cortarle la lengua, o mil cosas más por las que se le condenó. Qué buena actitud, una actitud de justicia, justicia, ¿no? Que se preparen los deudos de Barrios Altos y la Cantuta para defecar sobre los cuerpos de los responsables, ya se viene su pizca de justicia, esa que justicia que, por más informes de la CVR que existan, por tantos años se le negó. Abimael muerto es solo un símbolo, no acaba la lucha contra el extremismo y la violencia. Usó la pobreza para tomar el poder, se paró encima de la gente que tanto gritó representar. Que se pudra en el infierno, pero no nos bajemos a su nivel.
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